Baloncesto
Unicaja recorta distancias: 1-2 en la serie (86-84)
El Unicaja de Málaga se jugaba el primer match ball de las semifinales frente al Real Madrid… y lo salvó. Puso el 1-2 y lo dejó todo al cuarto partido con el sueño de volver al Movistar Arena. Los de Chus Mateo sufrieron un arbitraje deleznable.
El Unicaja forzó el cuarto partido en una decisión arbitral polémica en la última jugada del partido. Con empate a 84, los árbitros señalaron una falta antideportiva a Musa. Los dos primeros cuartos condenaron al Madrid, con un gran Unicaja en el que destacaron Osetkowski (21 puntos) y Carter (18 puntos).
Primer cuarto
El partido comenzó con el Unicaja muy intenso en defensa y acertado en ataque, consiguiendo un parcial de 6-0, con 8 puntos de Osetkowski y 6 puntos de Kalinoski. Por parte del Madrid, solo destacó Hezonja con 8 puntos. El cuarto finalizó con 10 puntos de ventaja para Unicaja: 23-13.
Segundo cuarto
El cuarto comenzó con la misma tónica que el primero, con el Unicaja muy intenso en defensa y un parcial de 10-0, con 8 puntos de Kravitz y 7 puntos de Dedovic. Por parte del equipo blanco destacaron Musa con 6 puntos y Llull con 5. El partido llegó al descanso con 14 puntos de ventaja para Unicaja: 48-34.
Tercer cuarto
El Madrid subió mucho su intensidad defensiva e hizo un parcial de 0-12, con 7 puntos de Hezonja y 6 de Campazzo. El equipo malagueño reaccionó con un parcial de 7-0, donde destacaron Carter con 11 puntos y Sima con 5. El cuarto finalizó con 10 puntos de ventaja para Unicaja: 70-60.
Último cuarto
El Madrid salió muy intenso en defensa con un parcial de 7-0, con 6 puntos de Musa y otros 6 de Campazzo. A falta de un segundo, Garuba empató el partido, pero los colegiados decidieron señalar antideportiva a Musa por un codazo a Perry, y dieron dos tiros libres al equipo malagueño, que le dieron la victoria y forzaron el cuarto partido.
El cuarto partido se jugará el próximo martes 17 de junio a las 21:15 h (Movistar Plus).
Baloncesto
El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga
Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.
El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.
El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.
En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.
No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.
Foto: Víctor Carretero – Real Madrid
