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Real Madrid

Valverde, la nueva pieza de la pizarra de Xabi

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Fede Valverde es, desde hace ya muchas temporadas, el hombre para todo del Real Madrid. Y es que exceptuando el puesto bajo los palos, el uruguayo ha jugado en todas las zonas del campo. Y lo que tiene aún más mérito, es que en todas lo hace bien. Podrá gustarle más o menos, pero en todas juega a un excelente nivel.

A pesar de encontrar su posición natural en el interior derecho de la medular, Valverde es el hombre comodín en La Casa Blanca. Ya lo fue bajo las órdenes de Carlo Ancelotti, donde fue clave en la consecución de la Decimocuarta jugando como extremo derecho. Una posición que poco o nada tenia que ver con la suya, donde lo hizo genial.

Ahora, por cuestiones del destino, su puesto parece ligado al lateral derecho. Una posición que él mismo ha reconocido que no le gusta. Ello no implica, sin embargo, que no rinda como un magnifico lateral derecho cuando tiene que desempeñar esta posición. Y el choque de hoy frente al Valencia ha sido el ejemplo perfecto de ello.

Y es que la misión del uruguayo no era sencilla, pues tenía enfrente a Danjuma, un extremo principalmente caracterizado por un gran desborde y un estilo de juego eléctrico. Poco o nada le importó al uruguayo, que secó por completo al extremo ché, que apenas tuvo ni una sola oportunidad de desbordar a Fede.

Más allá de eso, su influencia en el juego fue pronunciada durante todo el encuentro, teniendo un gran protagonismo con y sin balón, de la mano de varias internadas por el perfil derecho que ponían al conjunto blanco en superioridad en la medular. Un día más, una nueva exhibición de Fede en una posición en la que, si bien ha reconocido que no se siente del todo cómodo, rinde como si fuera uno de los mejores del mundo en su puesto.

Real Madrid

Un regreso eternamente esperado

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Florentino y Mourinho abrazándose

Desde que se unieran sus caminos hace ya casi 16 años, allá por junio de 2010, los nombres de Real Madrid y José Mourinho nunca han terminado de separarse del todo. No lo hicieron tres años después de su llegada, cuando terminó su corta pero intensa aventura de blanco, ni tampoco en los años venideros.

Ahora, en pleno periodo de incertidumbre, en esos tiempos en los que la revolución suena más apetecible que nunca, son muchos los nombres que salen a la palestra. Y como el nombre de José Mourinho ejemplifica una revolución en sí mismo, era solo cuestión de tiempo que su nombre también lo hiciera.

Segundas partes nunca fueron buenas… ¿o sí?

Es una realidad que el caso de Mourinho y el Real Madrid es extraño y a la vez paradójico. A pesar de salir por las malas de La Casa Blanca en verano de 2013, una inmensa parte de la afición blanca no ha olvidado al hombre que volvió a poner al Real Madrid en el mapa, cuando muchos hablaban ya de un invencible Barça de Guardiola.

Mourinho llego, vio, y venció, tal y como dicen las lenguas más antiguas. Y aunque su legado no fuese el más esplendoroso a nivel de títulos, Mourinho puso la semilla de todos los triunfos que vendrían después, haciendo un trabajo tan duro como poco agradecido por otros tantos.

Un legado que no se basa únicamente en los resultados –que también- sino en devolver ese ADN de lucha interminable en el Real Madrid. Un ADN que antes del luso parecía haber desaparecido, y que, tras su marcha, fue una de las claves de las seis Champions League que el conjunto blanco ganaría a posteriori.

Pero que no nos engañe la nostalgia. José Mourinho no fue, no es y nunca será perfecto. Como todos, tiene y sigue teniendo sus defectos. Y el ejemplo perfecto de esto fue la patinada que realizó con sus declaraciones sobre Vini tras el encuentro de ida de dieciseisavos de final, en el que el brasileño recibió insultos racistas.

Sin embargo, la realidad es que José Mourinho nunca ha pretendido ser perfecto. Pero lo que si era es fiel a sí mismo. Era un entrenador no solo dispuesto a morir por sus ideas, sino también dispuesto a morir por todos aquellos que luchasen por sus ideas con la misma convicción que él.

Para una gran parte del madridismo, Mourinho fue ese primer amor que no se olvida a pesar de conseguir una vida plena tras su marcha. Un amor de verano, corto pero intenso, que te lleva a vivir la vida con una intensidad que, independientemente de lo que logres, jamás vuelves a sentir como aquella primera vez.

Para otros tantos, uno de sus primeros desengaños amorosos tuvo lugar aquel 25 de abril de 2012 en el que el Real Madrid se quedaba a las puertas de una final de Champions de la forma más cruel, en los penaltis, en lo que fue el principio del fin de aquella primera y hasta ahora única etapa del luso en el banquillo blanco.

Todos recordamos aquella imagen de Mourinho arrodillado en la banda de un Santiago Bernabéu que, en aquel momento, habría estado dispuesto a morir por él. Y es cierto que todos los éxitos que llegaron después, fruto de la semilla plantada por Mourinho, compensaron con crecer aquel gran dolor. Pero otros piensan que tal vez el peaje fue demasiado alto y que aquella historia de amor merece un final feliz.

Yo, en lo personal, no sé si queda algo de aquel Mourinho que encandiló a una parroquia de fieles. Tampoco sé si merece la pena arriesgar a poner un borrón en forma de segunda oportunidad a una historia que ya fue casi perfecta. Pero lo que sí sé es que cuando se habla de madridismo salvaje, y muchos coincidirán conmigo, rara vez el madridista ha vuelto a sentir algo así.

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Baloncesto

El Real Madrid pone el 1-0 en el Playoff ante el Happoel

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El Real Madrid se ha adelantado en la serie de playoff ante el Happoel Tel Aviv (86-82) en una victoria que parecía que iba a ser muy cómoda y que ha costado más de lo previsto.

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