La derrota del Real Madrid ante el Manchester City (1-2) en Champions League dejó un clima de tensión, y el foco de las críticas, tanto de la grada como de la cúpula, se posó sobre Vinicius Junior. El brasileño firmó un partido «muy pobre», y la respuesta del Santiago Bernabéu fue contundente y sin precedentes.
El extremo, que estaba llamado a ser el líder ofensivo ante la ausencia de Mbappé, quedó muy lejos del nivel que se le presupone. La frustración del público fue evidente: el estadio silbó hasta en tres ocasiones al carioca de forma contundente, una señalización directa que no pasó inadvertida.
El de Río de Janeiro tuvo dos oportunidades claras de gol que no aprovechó, y su juego en la creación fue nulo, sin lograr dar una sola asistencia. Sus tres disparos se marcharon desviados.
El malestar no fue exclusivo de la grada. En la planta noble del Bernabéu, la actuación de Vinicius generó estupefacción. La cúpula del club se centró en la nula capacidad del jugador para tomar buenas decisiones en momentos cruciales. Mandó al traste dos acciones de valor gol por no ser capaz de conectar correctamente con Bellingham y Rodrygo. A esto se suma su evidente falta de compromiso defensivo, ya que, pese a empezar mirando hacia atrás, pronto se «le olvidó» esa labor.

La preocupación por el bajo rendimiento de Vinicius se agrava con su sequía goleadora, que ya se extiende por 942 minutos, sin ver puerta desde el 4 de octubre.
Este rendimiento inconstante complica la ya tensa negociación de su futuro. Aunque entidad y jugador parecían condenados a entenderse, con el brasileño queriendo quedarse, su entorno debe reconducir las conversaciones. El club, que sigue considerando a Vinicius «esencial»
