En un partido complejo, de esos en los que son los genios los que tienen que tomar la iniciativa, no fue el habitual Mbappé quien frotó la lámpara, sino un Álvaro Carreras que se puso el traje de Marcelo para firmar una obra de arte en un estadio en el que el brasileño muchas veces firmó obras de arte como la que el canterano blanco firmó en Mestalla.

Precisamente en ese mismo perfil izquierdo en el que el brasileño tantos dolores de cabeza dio al valencianismo, el lateral blanco cogió el balón y puso la directa hacia el área, donde se marchó de cuatro defensores con un simple cambio de piernas para plantarse cerca del área pequeña, donde chutó con su pierna menos hábil para superar a un Dimitrievski que estaba sosteniendo al Valencia.

Un golazo que no solo servía al conjunto blanco para ponerse por delante y mantenerse en la carrera por LaLiga, sino que, además, resulto el segundo tanto de Carreras con la camiseta del Real Madrid. Una cifra aparentemente normal, pero que trae consigo un detalle bastante curioso: el primer gol del lateral fue en la primera vuelta, casualidad o no, también contra el Valencia.

En ese encuentro en el Bernabéu, con el tiempo cerca de cumplirse, Carreras también pisó área desde el perfil izquierdo, pero en lugar de buscar regatear dentro del área, sacó un zurdazo teledirigido a la escuadra de Dimitrievski, en un disparo ante el que el meta ché tampoco pudo hacer nada.

Dos tantos distintos, pues mientras que el primero fue solo la puntilla, este segundo sirvió para desatascar un partido muy complicado, con dos acciones muy distintas que demuestran varias cosas. En primer lugar, la versatilidad de Carreras para firmar acciones decisivas de un calado tan distinto. Y en segundo lugar… que a Carreras se le da de maravilla el Valencia.