Baloncesto
Chus Mateo da luz verde: tiene 19 años y será la nueva estrella del Real Madrid
Eli John Ndiaye es la nueva joya del Real Madrid Baloncesto. El senegalés llegó al Real Madrid con tan solo 12 años y siempre ha destacado por su gran físico y su capacidad para rebotear y poner tapones.
Su gran potencia física y rapidez le hacen ser muy eficiente en las transiciones en el contraataque. Pablo Laso lo subió al primer equipo en 2022, con tan solo 17 años, y la temporada pasada de la mano de Chus Mateo tuvo muchos minutos y fue decisivo en los playoffs de la Euroleague contra el Partizan.
Con la baja de Poirier, Ndiaye asumió la responsabilidad y tuvo dos grandes partidos en Belgrado, especialmente en el quinto partido en el Wizink Center, donde tuvo una actuación impresionante tanto en defensa como en ataque, con dos triples decisivos que llevaron al Real Madrid a la Final Four.
En las semifinales de la Final Four frente al Barça, salió en el quinteto titular y realizó una gran defensa sobre Mirotic, limitándolo a solo 6 puntos, lo que contribuyó a la victoria del Madrid y su clasificación para la final frente al Olympiacos.
En la final, Ndiaye jugó 6 minutos a muy buen nivel, anotando un triple y mostrando intensidad en defensa. Esta temporada, Chus Mateo está sacando un gran rendimiento de él, especialmente en defensa, y también ha mejorado mucho en el tiro de tres puntos. En el último partido de la Euroleague, dio una auténtica exhibición con tapones, mates y tres triples, siendo uno de los mejores del equipo blanco a pesar de tener solo 19 años.
La NBA lo ronda
Chus Mateo tiene claro que el senegalés es la futura gran estrella del Real Madrid, aunque ya hay varias franquicias de la NBA que lo están siguiendo. Sin embargo, en el club blanco esperan retener a Ndiaye durante varios años más.
Baloncesto
El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga
Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.
El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.
El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.
En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.
No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.
Foto: Víctor Carretero – Real Madrid

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