Noche de Champions, la del 25 de febrero, y noche en la que el Real Madrid se jugaba más de media temporada ante el Benfica. En el Bernabéu, con la mística de la Copa de Europa y esa musiquilla que cuando suena en La Castellana pone el vello de punta. Sin embargo, ayer pareció un partido más. Un partido de una fría noche de Liga o de Copa en la que el madridismo se mostró más frío y distante que nunca.
El coliseo blanco registró una de la mejores taquillas (76.745 espectadores) solo por debajo del derbi del pasado curso, del intento de remontada ante el Arsenal o de las dos últimas visitas del Manchester CIty desde que se hizo la reforma. Y ni por esas hubo «caldera» o hubo esa atmósfera de olla a presión. De hecho, con el ambiente muy enrarecido – tanto de jugadores como de aficionados – el público merengue era silenciado continuamente por los cánticos de la afición portuguesa del Benfica que sí que se hizo notar desde las alturas del cuatro anfiteatro.
Un Bernabéu que reprochó la actitud de sus jugadores en varias ocasiones (ante el Levante y contra el Rayo Vallecano) llegando a pitar y crear un caldo de cultivo peligroso para los suyos. Ayer ante el cuadro luso, empezó a rodar la pelota y apenas se notaba que era una noche de Champions, la competición en la que el Real Madrid era, es y seguirá siendo el Rey.
Sin tifo y con socios expulsados
A Can Bernabeu demanen Taxis abans de començar el partit.
— Jordi Magrinyà (@jordimagrinya) February 25, 2026
Després van d’abanderats de l’antiracisme.
Bandera de “No al racisme” a la grada inclosa…
I tela amb el que tenen a la grada. pic.twitter.com/EP3c8CRR30
Tal fue la rareza del encuentro que, en una noche especial en la que había que arropar a Vinicius, en el fondo de la Grada de Animación solo sacaron una pancarta con el lema «No al racismo» y en la que pedían «respect», tal y como abandera la UEFA, siendo esa la tímida respuesta – y corta a todos los efectos de lo ocurrido – por el lío que generó el presunto insulto racista de Prestianni al 7 del Real Madrid o el constante acoso que recibió el de Río de Janeiro en el Da Luz soportando gestos de «mono» o en los que le sacaban plátanos junto a su foto.
Al inicio del partido hubo un socio que tuvo que salir expulsado por hacer el saludo nazi en pleno partido y el Real Madrid firmó un comunicado anunciando que no volverá a dejarle pasar al Santiago Bernabéu de por vida: «El Real Madrid C. F. comunica que ha pedido de manera urgente a la Comisión de Disciplina del club que inicie un procedimiento inmediato de expulsión al socio que ha sido captado por las cámaras de televisión haciendo el saludo nazi en la zona donde se ubica la Grada de Animación, momentos antes de iniciarse el partido entre el Real Madrid y el Benfica. Este socio fue localizado por los miembros de seguridad del club instantes después de que apareciera en la retransmisión y fue expulsado inmediatamente del estadio Santiago Bernabéu. El Real Madrid condena este tipo de gestos y de expresiones que incitan a la violencia y al odio en el deporte y en la sociedad», apuntaban en el comunicado oficial tras el choque.
Urge encontrar una solución para que el Bernabéu vuelva a recuperar esa mística de antaño y deje atrás lo de ser el teatro para los turistas que dejan dinero a las arcas, pero que no aportan nada en esa atmósfera que ha hecho tan grande al Real Madrid a lo largo de toda su historia. Lo de ayer fue un punto de inflexión, a tener muy en cuenta, en la primera gran batalla de la temporada.
