Baloncesto
El Real Madrid ya no jugará en el Wizink Center
Es un hecho oficial: El Real Madrid ya no jugará en el Wizink Center. El recinto madrileño, el Wizink Center, pasará a llamarse Movistar Arena a partir de 2025, tras el acuerdo de patrocinio con Telefónica, donde se celebrarán conciertos y también jugarán sus partidos el Real Madrid y el Movistar Estudiantes.
El cambio de nombre se debe a la finalización del patrocinio con el Wizink Center, que ha sido el patrocinador durante una década, con lo que se abre un nuevo plan estratégico 2024-2028. Así, Movistar Arena será el nuevo nombre del pabellón multiusos de la calle Goya, una vez que ya lo ha autorizado la Comunidad de Madrid.
El Movistar Arena tendrá una capacidad de 17.400 espectadores y será la sede del Real Madrid de baloncesto y de Movistar Estudiantes, así como del Premier Padel Madrid, donde también se celebrarán todo tipo de conciertos musicales y eventos deportivos de todo tipo.

En cuanto a conciertos musicales, se esperan 120 conciertos para 2025, entre los que destacan los de Dani Martín, Joaquín Sabina, Dua Lipa, Leiva, Maluma y Duki, entre otros.
Para Telefónica, supone una gran satisfacción culminar el año de su centenario con el patrocinio del Movistar Arena, que es referencia mundial por la calidad de eventos que se van a realizar. Movistar es líder en el sector tecnológico y digital, y con este patrocinio van a potenciar su calidad en el sector.
El madridismo, eso sí, va a seguir diciendo la coletilla histórica de «El Palacio» para bautizar el pabellón en el que juega el equipo blanco, independientemente de cómo se haya acordado de manera publicitaria.
Baloncesto
El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga
Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.
El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.
El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.
En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.
No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.
Foto: Víctor Carretero – Real Madrid

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