La celebración del segundo gol (0-2) ante el Athletic Club, protagonizada por Kylian Mbappé y Eduardo Camavinga, no fue espontánea, sino que estaba pactada desde ayer, un detalle que subraya la gran sintonía y el buen ambiente que reina en el vestuario de Xabi Alonso.

La imagen de ambos jugadores compartiendo un festejo especial tras una asistencia de cabeza de Mbappé a Camavinga es la prueba más palpable de que las jerarquías deportivas no afectan la camaradería… pese que algunos quieran buscar problemas dentro del propio vestuario de los blancos en Valdebebas.

Este tipo de gestos, preparados fuera del campo, refuerzan la idea de que el equipo está totalmente concentrado y unido a pesar del amago de crisis y de las presiones externas.

La química entre los jugadores más jóvenes y determinantes, como Mbappé y Camavinga, es vital para que la filosofía de Xabi Alonso funcione. Mientras el primero busca récords históricos (quedó a solo 4 goles de igualar las 59 anotaciones de Cristiano Ronaldo en un año), el segundo se consolida en la medular, y su entendimiento genera goles de antología.