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Baloncesto

Llull decide sobre la bocina en Tenerife

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El Real Madrid cerró su maratón de cuatro partidos consecutivos a domicilio con el mejor de los sabores: una victoria de infarto en la cancha de La Laguna Tenerife, a quienes infligió la primera derrota de la temporada en su feudo. El triunfo, el cuarto consecutivo fuera de casa, se decidió con un final épico y un nombre: Sergio Llull.

El partido en el Santiago Martín fue un ejercicio de dureza y solidez defensiva, con un marcador bajo que favoreció al Real Madrid. Los de Scariolo firmaron su mejor actuación defensiva en Liga en lo que va de temporada, dominando el rebote (26 a 12 en el descanso) y ahogando el tiro exterior local. La ofensiva se apoyó en un sobresaliente Hezonja, que terminó con 17 puntos, y que lideró el colchón que llegó a ser de +13 en el tercer cuarto. Sin embargo, la falta de energía en el Madrid permitió a La Laguna Tenerife volver al encuentro, instalando la igualdad hasta el último minuto.

Una vez más: la heroicidad final del capitán Llull

​La tensión alcanzó su punto máximo en los últimos 60 segundos. Con el marcador empatado a 69 tras un 3+1 local, el partido entró en una espiral de nerviosismo. Una falta en ataque de Campazzo dio dos tiros libres a Jaime Fernández, quien solo anotó uno, poniendo a Tenerife por delante: 70-69. Con tan solo 2.9 segundos restantes, el tiempo muerto de Scariolo dictó sentencia: balón al capitán.

Sergio Llull (11 puntos en total) se zafó de su par, dribló a dos contrarios y se suspendió en el aire para anotar un tiro a tablero que entró limpio justo cuando sonaba la bocina. El 70-71 final certificó la cuarta victoria consecutiva fuera de casa para el equipo y añadió una heroicidad más a la ya inmensa leyenda del capitán madridista, demostrando que en los momentos límite, la pizarra solo apunta a un hombre.

Aprendiz de periodismo deportivo. Mi padre me inculcó la cultura futbolística desde pequeña. Apasionada de la literatura.

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El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga

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Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.

El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.

El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.

En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.

No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.

Foto: Víctor Carretero – Real Madrid

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El Real Madrid sigue escalando en Europa tras ganar al Efes

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