El Real Madrid empezó bien, pero se diluyó como un azucarillo y lo pagó caro en varios errores. Los de Xabi Alonso caen ante el Manchester City y dejan la «cabeza» del míster de Tolosa en el aire. Haaland, de penalti, remontó un partido de pena máxima para los blancos en el Bernabéu ya que los merengues no merecieron perder. Todo queda en el aire y esperan horas muy tensas en los despachos de Valdebebas.

Xabi Alonso se la jugaba frente al Manchester City en el Bernabéu. Un tropiezo madridista podría precipitar su tropiezo final al mando del banquillo blanco. El de Tolosa tenía una final por delante adelantada, y necesitaba sumar tres puntos y convencer. Sabe que hay que vivir con presión, pero lo del míster de San Sebastián era una probatura durísima ante Josep Guardiola y su renovado conjunto citizen en La Castellana.

Nada tenía que ver ese Manchester City vulnerable que se fue a la cuneta en Playoff de la pasada Copa de Europa ante el Real Madrid. Ese día tampoco estaba Haaland. Por el contrario, era el Real Madrid esta vez quién acumulaba las bajas más reseñables. Sin Mbappé, por molestias musculares y por romperse el dedo meñique, y con una sensación de fragilidad que se evidenció frente al Celta de Vigo en el coliseo blanco en la última jornada de Liga.

El partido, de altura, prometía espectáculo y Xabi se lo jugaba con la «carta Gonzalo«, la carta del gol en el Mundial y que se ha confirmado como el sustituto de Mbappé. También con Rodrygo, Ceballos y Valverde de carrilero para apuntalar el once titular de los merengues. Era día para dar la cara y más viendo el esfuerzo de una afición que no falló y estuvo a la altura, pese al desánimo vivido en las últimas jornadas y el ruido mediático en torno al vasco.

El equipo salió con un bloque alto, de pressing al estilo Xabi, y respondió rápido buscando el 1-0. Encontró un filón por los costados brasileños (Vini-Rodrygo) y proponía el fútbol que le faltaba llegando a provocar una falta al borde del área, pedir un penalti por posible mano y encontrar el premio del gol en una de las acciones. Hoy no faltaba fútbol ni intensidad, dos de las grandes consignas de este Real Madrid de Xabi.

El gol fue de Rodrygo, premio a la insistencia tras 32 partidos sin marcar. Un chut cruzado que transformó dentro de la meta de Donnarumma y que dejaba claro que se desquitaba de un peso muy pesado. El ex del Santos estaba siendo uno de los mejores en el terreno de juego y eso se veía recompensado con el tanto en el 27′ de la primera mitad.

Los blancos, sin explicación aparente, empezaron a diluirse y a dar la pelota al City. El conjunto de Guardiola, endeble atrás, pero voraz arriba, se metió en el encuentro con dos acciones en las que Clement Turpin fue protagonista: dos agarrones, distinta camiseta, y jugadas casi calcadas. Dejó pasar un agarrón sobre Rüdiger en el gol de O’Reilly que era el 1-1 y sí que pitó un agarrón del propio Antonio, esta vez sobre Haaland para el penalti que, a la postre, supuso el 1-2. El Real Madrid se iba con cara de póker al túnel de vestuarios… Y pudo ser peor.

Courtois, el Santo de todos los días, volvió a vestirse de creencia divina al salvar un gol cantado de Haaland para el 1-3 y un remate de Cherki, prácticamente a bocajarro, en el despeje. Dos paradas que mantenían con vida a los de Xabi Alonso al tiempo de descanso.

El Real Madrid arrancó con ganas de dar la vuelta a la tortilla – en el electrónico – y acumuló varias ocasiones claras. Una vaselina de Bellingham, tras un excelso contragolpe de los brasileños, y un remate de Rodrygo, en diagonal, que buscaba la cruceta de Donnarumma y se iba alto de la portería de los skyblues.

La sensación de fragilidad defensiva seguía muy presente y Courtois en el 58′ y en el 62′ tenía que usar sus guantes para evitar mayor castigo del Manchester City. También sensación de estar totalmente desdibujados ya que por momentos se veía a Vini de 9, a Rodyrgo de extremo izquierdo, Jude lejos del gol, algunos futbolistas pisando sus posiciones… El despropósito provocaba la sonora pitada del madridismo al equipo.

Xabi, en busca de soluciones desesperadas, optó por meter en liza a Endrick (al que tenía defenestrado en el banquillo) y fue quién tuvo la oportunidad para poner el 2-2. De cabeza, con un testarazo, la estampaba contra el larguero en el minuto 84 de partido. Era la acción que les metía en el encuentro y la desaprovecharon. 1-2, ¿y adiós a Xabi?