Kylian Mbappé ha dicho basta. Lo que comenzó como unas «molestias» el pasado 7 de diciembre en una noche aciaga ante el Celta de Vigo, se ha convertido en un vía crucis de tres meses que ahora obliga al francés a parar en seco y viajar a Francia para buscar soluciones externas. La gestión de su físico ha sido, cuanto menos, cuestionable.

El origen y la obsesión por el récord

​Tras retirarse cojeando en diciembre y quedarse en el banquillo ante el Manchester City, la lógica dictaba prudencia. Sin embargo, la ambición personal se impuso a la médica: Mbappé forzó para jugar 90 minutos en Copa ante el Talavera con el único objetivo de igualar el récord goleador anual de Cristiano Ronaldo. Un esfuerzo innecesario que pasó factura antes de las uvas.

El 31 de diciembre, el club confirmaba una lesión de rodilla que apuntaba a un mes de baja. Sorprendentemente, reapareció en solo diez días para intentar «salvar» a un Xabi Alonso que estaba contra las cuerdas en la Supercopa. Desde entonces, la versión de Kylian ha sido una sombra de lo esperado.

Baja ante el Albacete, ante la Real Sociedad y, a posteriori, quedándose contra las cuerdas para jugar ante el Benfica en Champions League. Está viviendo un calvario y hay muy pocas explicaciones por ello.

​El Real Madrid afronta ahora el tramo decisivo de la temporada con su máxima referencia fuera de combate y bajo tratamiento de especialistas ajenos al club. Un precio muy alto por no haber sabido frenar a tiempo.