El Real Madrid afrontaba una jornada liguera con un aroma agridulce en el ambiente. Y es que el conjunto blanco regresaba a su feudo en una situación muy distinta a la que acostumbran, después de una semana en la que se han perdido dos títulos, crispando mucho el ambiente entre los aficionados, en un partido que ya desde el comienzo se antojaba complicado.
Así se demostró con el recibimiento de un Santiago Bernabéu que recibió a los suyos entre pitos al saltar a calentar. Una pitada que no por esperada, sonó menos sorprendente. El respetable blanco no estaba feliz con los acontecimientos sucedidos la última semana, y así se lo hizo saber al club en el recibimiento.
Cuando el balón echó a rodar, los silbidos no cesaron, especialmente cuando Vinicius, Bellingham y Valverde tocaban el esférico, en un partido en el que el fútbol pasaba a un segundo plano durante el primer cuarto de hora de encuentro. De hecho, pasado el ecuador de la primera mitad, el Real Madrid aún no había disparado a puerta.

El juego del equipo incrementó aun más la crispación de un estadio que parecía cualquier cosa menos el estadio local del conjunto blanco. Y así se cumplió media hora de fútbol en el Bernabéu en la que hubo de todo menos fútbol. El primer acercamiento blanco llegó ya superada la primera media hora, con un balón largo que buscaba la carrera de Mbappé, que remató de primeras y no pudo hacerlo entre palos.
De hecho, ese fue el único acercamiento del Madrid en una primera mitad en la que el Levante estuvo cerca de adelantarse con una falta desde la frontal, que se marchó rozando el palo de la portería defendida por Courtois. Y tras una primera mitad en la que el fútbol ni siquiera compareció, los jugadores enfilaron los vestuarios, nuevamente acompañados por una sonora banda de viento.
Para la segunda mitad, Arbeloa revolucionó el equipo: Mastantuono y Güler sustituyeron a Gonzalo y Camavinga, en una declaración de intenciones en busca de cambiar la dinámica de la primera mitad. Ahora, el conjunto blanco sí logró encerrar al Levante en un bloque bajo, pero la sensación de peligro constante seguía sin aparecer.

El fiel reflejo del partido fue que el primer tiro a puerta del Real Madrid llegó en el minuto 54, obra de Güler. La dinámica había cambiado, y ante la falta de ideas, fue una jugada aislada de Mbappé la que provocó un claro penalti que rompía definitivamente la dinámica del partido. Y desde los 11 metros, el francés no falló, poniendo al conjunto blanco por delante en una tarde aciaga.
Tras el tanto, el partido cambió por completo. El gol deshizo por completo los esquemas del conjunto visitante, y ahora los de Arbeloa sí se mostraban mucho más cómodos sobre el césped. Y pocos minutos después del tanto, un testarazo de Asencio en un córner dobló la ventaja para el conjunto blanco. Un gol que, además, sirvió al canterano para llevarse la primera y única ovación de la tarde.

Los dos tantos sirvieron en cierta medida para apaciguar las aguas en el mar revuelto que fue el Bernabéu durante la primera hora de encuentro, pero el desempeño, sin embargo, seguía sin convencer. Este ambiente distendido, precisamente, ayudó a que los blancos crecieran sobre el césped, especialmente después de que los cambios de Arbeloa cambiaran el signo del encuentro.
A punto estuvo de sumarse a la tabla de goleadores Mastantuono, que sacó un zurdazo desde la frontal que hizo temblar el larguero de la meta defendida por Ryan. Sin embargo, ya con los tres puntos en el, bolsillo, los jugadores blancos parecían dar por bueno el resultado en una tarde en la que, a pesar de los indicios, la sangre no terminó de llegar al río.
Y con ello se llegó al pitido final de un partido que se convirtió en uno de los más complejos que se recuerdan en Concha Espina. El conjunto blanco, sin grandes alardes, logró revertir la enorme pitada por una tregua momentánea al llevarse tres puntos fundamentales para que no todo saltara por los aires. Ahora, la crispación no ha terminado. Siguiente parada: Mónaco.
