El Real Madrid no permitió que la resaca de la Copa del Rey se convirtiera en crisis. En el regreso a la Euroliga, los de Scariolo firmaron un partido coral y autoritario para despachar al Bayern de Múnich. Un 93-70 que refleja la distancia sideral que hubo sobre el parqué del Movistar Arena desde el primer cuarto (19-12).
Tavares (11 puntos) y la energía de Hezonja (16 puntos) desactivaron cualquier intento de resistencia alemana. El Madrid capturó 12 rebotes más que el rival, una tiranía física que decidió el choque.
Scariolo aprovechó la ventaja para rotar a los 12 jugadores inscritos. Fue un partido de «guante blanco» donde todos sumaron y nadie terminó extenuado. Con un 43% de acierto desde el perímetro, el Madrid rompió la zona del Bayern cada vez que los de Múnich intentaron cerrarse.
Victoria necesaria para mantener la cuarta plaza en la Euroliga y, sobre todo, para recuperar sensaciones tras el batacazo copero. El Madrid demostró que, cuando se pone el mono de trabajo en Europa, sigue siendo el rival a batir.
