Toni Kroos se despidió del fútbol en lo más alto y lo ha explicado con la honestidad y la claridad que siempre le han definido. En una entrevista concedida a El País Semanal, el alemán ha hablado abiertamente sobre su retirada, la importancia del mediocentro en el fútbol moderno, su amor por el Real Madrid y la presión mediática que rodea a los jugadores.
El alemán no tomó la decisión a la ligera: “Me pasé varios meses pensando en esto. No me levanté un día y me dije: ‘¡Te tienes que retirar!’. Ya el año pasado lo valoré, pero decidí quedarme un año más por insistencia del club”, cuenta Kroos.
Su gran objetivo era marcharse en lo más alto, y lo logró: Liga y Champions en su último curso.
“No quería acabar en el Madrid en la cuesta abajo. Prefería irme siendo importante. No quería que el banquillo, mi cuerpo o mi familia decidieran por mí”, explica con madurez.
El mediocentro, esa pieza invisible hasta que falta
Kroos también quiso reivindicar la importancia del mediocentro en el fútbol moderno, una figura muchas veces infravalorada: “Mira lo que le pasó al City sin Rodri. Cuando un buen mediocentro no está, todo se nota. Cuando sí está, todo fluye y parece normal”.

Y añade: “Desde que me retiré, me convertí en seguidor del Real Madrid. Y he escuchado muchas veces: ‘Ah, es que no está Toni Kroos’. Yo solo deseaba que las cosas salieran bien, y que dejaran de decir eso”.
La presión mediática, una constante difícil de gestionar
Kroos, siempre reflexivo, también habló de la relación entre futbolistas y prensa, sin caer en tópicos.
“En España hay mucha pasión y mucha presión, también por parte de los medios. Si no estás fuerte mentalmente, puede afectarte. Hay críticas injustas, pero también hay halagos exagerados. Lo importante es no creerse todo”, asegura.
Y deja una frase para enmarcar: “Hay jugadores buenos y malos, y periodistas buenos y malos. Pero lo que hay que entender es que nunca es personal. Los periodistas hacen lo que les piden sus jefes: vender”.

Un adiós con sello propio
Con estas declaraciones, Toni Kroos demuestra una vez más que su fútbol no era lo único que tenía de elegante. Se marcha con grandeza, sin necesidad de una última gira ni despedidas alargadas artificialmente. Su legado en el Real Madrid y en el fútbol europeo ya está escrito con letras de oro. Y como él mismo quiso: en la cima.
