Baloncesto
El fichaje estelar en el Real Madrid de Chus Mateo: «Quizá algún día…»
El Real Madrid ha cerrado uno de los fichajes más importantes del verano, se trata del pívot hispano-angoleño Serge Ibaka.
Con la salida de Vincent Poirier, que ha fichado por el Anadolu Efes, era obligatorio fichar un ‘5’ de garantías, y Ibaka es de los mejores que hay en el mercado.
La pasada temporada jugó en el Bayern Munich tras su vuelta de la NBA, donde jugó durante 14 temporadas. En el equipo bávaro promedió 15,5 puntos por partido, 4,6 rebotes y 2,5 tapones.
El jugador congoleño ya vistió la camiseta del Madrid en la temporada 2011 por el parón de la patronal de la NBA. Muchos jugadores ficharon como temporales por clubes europeos, y el Madrid fichó a Ibaka y Rudy Fernández.
Ibaka dijo en su debut que nunca había vivido una ovación como la que le dio la afición del Real Madrid, y cuando se reanudó la NBA, se despidió de la afición madridista ante las cámaras de Televisión Española diciendo: «Quizá algún día esté de vuelta para jugar aquí, nunca se sabe.» Trece años después, ha cumplido su palabra y ha fichado por el Real Madrid.
Ibaka tuvo una carrera muy exitosa en la liga americana, donde fue elegido como mejor defensor en tres ocasiones (2011, 2012 y 2014), y en 2019 conquistó el anillo de campeón con los Raptors. También ha sido internacional con la selección española, donde conquistó la medalla de oro en el europeo de 2011 y la plata en las Olimpiadas de Londres 2012.

El equipo blanco, con el fichaje de Ibaka y a falta de hacer oficial el fichaje de Usman Garuba, ya tiene la plantilla cerrada de cara a la próxima temporada, donde Chus Mateo contará con una muy competitiva y que optará a conquistar todos los títulos.
Baloncesto
El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga
Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.
El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.
El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.
En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.
No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.
Foto: Víctor Carretero – Real Madrid
