Baloncesto
Feliz, en memoria de Paniagua: el Madrid gana en Gran Canaria
Una canasta a bocajarro en el instante final selló la décima victoria consecutiva como visitante. El equipo jugó con crespones negros en homenaje a la leyenda madridista fallecida ayer. Hay partidos que se ganan en el marcador y partidos que se ganan en el alma. El de este domingo en Gran Canaria tiene algo de los dos.
El Real Madrid se llevó una victoria sufrida y tardía del Gran Canaria Arena, la décima consecutiva como visitante en la Liga Endesa, para mantenerse líder con tres victorias de ventaja sobre el segundo. El resultado final, 80-82, no llegó hasta el último segundo, cuando Feliz apareció para anotar la canasta que decidió todo. Ese tipo de canastas no salen de la nada. Salen de un equipo que sabe ganar cuando tiene que ganar.
Pero más allá del resultado, el Madrid jugó este domingo con crespones negros en las camisetas. El homenaje silencioso a Vicente Paniagua, la leyenda del baloncesto blanco fallecida ayer a los 78 años. Un gesto pequeño en apariencia que en el mundo del deporte dice mucho de cómo un club trata a su historia.
El partido se definió en el segundo y tercer cuarto, donde el Madrid firmó un parcial de 46-19 que le dio una renta de 14 puntos. Una ventaja enorme sobre el papel, pero el Gran Canaria no se rindió y fue recortando en el último cuarto hasta poner el partido al límite. Ahí apareció Feliz. Sin tiempo, sin margen de error, con todo el partido en sus manos. Canasta. Victoria. Liderato reforzado.
Diez victorias consecutivas fuera de casa. Diecinueve victorias en total. Tres de ventaja sobre el segundo clasificado. El Madrid de Scariolo está construyendo en la Liga Endesa algo silencioso pero sólido, lejos del ruido mediático que rodea al equipo de fútbol esta semana con el City en el horizonte.
Baloncesto
El Real Madrid tumba al Andorra y sigue intratable en Liga
Hay partidos que, más allá del marcador, revelan la estructura interna de un equipo. El triunfo del Real Madrid ante MoraBanc Andorra (97‑90) pertenece a esa categoría: un ejercicio de resistencia, ajuste y jerarquía que explica por qué el conjunto blanco gobierna la Liga con una autoridad que trasciende lo estadístico. En un calendario marcado por la inminente semana decisiva de Euroliga, el equipo de Scariolo volvió a demostrar que su identidad competitiva no entiende de contextos ni excusas.
El encuentro comenzó con una versión irreconocible del Real Madrid: desajustado atrás, sin ritmo ofensivo y superado por la energía de un Andorra que llegó a dominar por 17 puntos al descanso. Lejos de ser un accidente, fue un recordatorio de la exigencia que supone competir en dos frentes de máximo nivel. Scariolo, consciente de lo que se avecina en Europa, reservó a Maledon, Abalde y Lyles, lo que obligó al equipo a reinventarse sobre la marcha.
El giro del partido llegó tras el descanso. En apenas 21 minutos, el Real Madrid firmó un parcial acumulado de 63‑30, una cifra que no solo habla de acierto, sino de control emocional y lectura táctica. El equipo ajustó líneas defensivas, aceleró el ritmo y encontró ventajas interiores y exteriores con una naturalidad que solo poseen los conjuntos con una identidad consolidada.
En ese tramo emergieron tres nombres propios: Len, dominante en ambos aros, imponiendo físico y presencia. Tavares, que volvió a ser un eje estructural más que un simple pívot. Feliz, cuya energía y agresividad ofensiva cambiaron la temperatura del partido.
No fue una reacción impulsiva, sino un proceso: el Madrid volvió a su plan, a su baloncesto, a su jerarquía y sumó, con ello, la undécima victoria seguida a nivel doméstico.
Foto: Víctor Carretero – Real Madrid
